Algunas consideraciones sobre los avances tecnológicos al servicio de la Mediación
Maria Cristina Culotta
ARGENTINA
Algunas consideraciones sobre los avances tecnológicos al servicio de la Mediación
Como enamorada de la mediación desde sus inicios en nuestro país, allá por los años 90, puedo decir, que en ese camino, he aprendiendo mucho, pero fue y sigue siendo largo, muy arduo en sus comienzos, con innumerables obstáculos que se fueron sorteando con denodados esfuerzos, paciencia y sobre todo, con una gran vocación por la Paz. Siempre persistía, en nuestro accionar, el objetivo de instalar a la Mediación como una de las mejores y más pacíficas formas de resolución de conflictos. Son numerosas las anécdotas que podríamos recordar al respecto y de todo tipo, algunas de ellas podríamos calificarlas de cómicas, otras trágicas. En fin, así fue como se hizo, al decir de Serrat: “camino al andar.”
En ese comienzo, usamos todos los medios disponibles para su difusión y promoción: charlas en escuelas, uniones vecinales, cooperativas, hospitales, distintas ONG. Además, realizamos numerosas publicaciones en diarios, revistas especializadas y participaciones en Congresos o en distintos medios de comunicación, escritos, radio, televisión, como así también la presentación de proyectos ante diferentes autoridades y especialmente el de ley de Mediación, para la provincia de Mendoza,, previa al juicio y obligatoria que fue sancionado por unanimidad por el Senado pero que no logró la sanción en Diputados.
En todo ese recorrido los avances tecnológicos fueron apreciados y utilizados como una forma de ofrecer un mejor servicio a los participantes y también como una manera de evaluar resultados a fin de realizar una mejora continua. Así, hablando desde mi experiencia, puedo contar que se crearon sistemas informáticos especiales, tanto en el Poder Judicial de Mendoza, como en el de Tierra del Fuego, los dos lugares donde me desempeñé como mediadora judicial. Indudablemente, no fueron las únicas provincias que crearon sus propios sistemas para que quedara constancia en el mismo de toda la documentación y demás datos de las mediaciones, de los participantes con sus abogados, mediadores intervinientes, fechas de audiencias y resultados de las mismas, especialmente el acuerdo en caso de que se alcanzara o certificado de no acuerdo, que habilitaba la vía judicial, además de la documentación en soporte papel.
Así mismo, la tecnología nos brindó también la posibilidad de filmar y grabar numerosas mediaciones, (por supuesto con el consentimiento de todos sus participantes) las que fueron utilizadas en un programa de práctica observada, donde se podían analizar las intervenciones realizadas por los mediadores y el efecto que producían en los mediados, o en el proceso, realizando una crítica constructiva, intercambiando otros modos de intervención, que hubieran sido posibles en la situación analizada.
Un párrafo especial merece la mediación a distancia entre distintas provincias, las que se iniciaron con anterioridad a la pandemia y que algunos, consideraban que no eran mediaciones porque no existía la presencialidad, como si la misma fuera un requisito sin ecua non en la mediación. Si bien la ley 804 establecía este requisito en las mediaciones reconocía la posibilidad de utilizar apoderados cuando las partes estuvieran en distintos lugares. En el caso de las mediaciones a distancia las partes estaban sincrónicamente on line, presentes con sus abogados y los mediadores. A pesar de las críticas los resultados fueron exitosos y ayudaron a los que las solicitaban resolvieran sus problemas a pesar de la distancia existente tanto entre los mediados como entre los Centros de Mediación. En mi opinión, no existen dogmas en la mediación o los métodos RAD. Los mediadores debemos tener nuestra mente abierta, a las nuevas oportunidades que nos brinda la tecnología, una de las cualidades de buen mediador, que personalmente agregaría a la lista hecha por William Simkin. Puedo afirmar que he tenido numerosas oportunidades para reconocer la necesidad de aplicar cada una de esas habilidades: la resistencia de un maratonista cuando en la tercera mediación del día, extendíamos el tiempo fuera del horario habitual porque resultaba necesario para avanzar en el proceso, cercano ya a un acuerdo; la piel del rinoceronte para que lo que escuchábamos no nos afectara en lo personal y pudiéramos actuar con la debida imparcialidad y diligencia; la astucia de Maquiavelo o la sabiduría de Salomón para hacer las intervenciones pertinentes y en el momento adecuado; la habilidad de esquivar de los jugadores de fútbol para enderezar un diálogo que puede desviarse; la capacidad de un mudo para guardar secretos, y no comentar lo ocurrido, a pesar de los efectos negativos que esa confidencialidad pudiera producir en nosotros. Y aquí quiero destacar algo importante: los mediadores deben tener un acompañamiento o un soporte psicológico con el que puedan dialogar y plantear las dificultades que se presentan en este trabajo, su efecto negativo o dañino recibiendo la ayuda necesaria para su superación. En ese sentido es muy interesante lo que aconseja W. Ury en su libro “Obtenga el si consigo mismo” a fin de que cada uno pueda lograr su equilibrio interior que va a redundar en beneficio de las relaciones con los demás y también mejores desempeños profesionales.
Finalmente, y, sin agotar la lista de virtudes de Simkin, quiero recalcar como la más necesaria e incluso admirada por todos y en especial por los abogados de las partes: la paciencia, que, desafortunadamente, no es algo común en esta época, donde reina la cultura de lo instantáneo, pues reiteradamente escuchamos la famosa frase” lo quiero todo y lo quiero ahora”, como en la conocida canción; nadie quiere esperar. Es la paciencia la cualidad que permite superar los numerosos obstáculos que se presentan en nuestra labor cotidiana.
Luego llegó la pandemia y nos limitó en la presencialidad, dada la necesidad de mantener una distancia entre las personas para evitar contagios y así se pusieron, en un primer momento vidrios para separar a los mediadores de los participantes luego se hicieron circuitos cerrados colocando a cada parte con su abogado en distintas oficinas del mismo Centro, hasta que en un momento determinado comenzó la utilización de distintas plataformas para que se pudieran hacer desde diferentes lugares, es decir, no necesariamente, estando todos presentes en el centro de mediación. Su implementación tuvo numerosas dificultades: una de ellas era encontrar una plataforma que permitiera ir a los caucus, es decir, las sesiones privadas, cuidando la confidencialidad, pero manteniendo a la otra parte, sin escuchar, en comunicación y sin que se produjeran cortes. Un inconveniente importante era lograr que el mediador tuviera la dirección del proceso porque al comienzo los abogados o las partes interrumpían a voluntad la comunicación. Todos estos inconvenientes se fueron superando. Y se diseño un sistema con una plataforma adecuada para ello. No obstante los cortes de luz o de internet eran interrupciones frecuentes. Otro tema era determinar si el acuerdo así alcanzado tenía el efecto de sentencia que le daba la ley 804 de Tierra del Fuego. En ese encuentro virtual quedaba grabada la parte de la lectura del acuerdo y el asentimiento manifestado oralmente con relación al mismo, de las partes. El dispositivo se archivaba en el centro y quedaba disponible para las partes, tanto en la grabación, como en soporte papel. Una importante ayuda tecnológica fue la posibilidad de la utilización de la firma digital que en un primer momento sólo la tenía la subdirectora. También se les informaba que se remitiría por mail, (otro medio ya brindado por la tecnología), ese acuerdo escrito con la firma digital de la subdirectora, al Ministerio Pupilar para su aprobación y a partir de ese momento adquiría el efecto de sentencia. Luego se reenviaba a los pertinentes estudios jurídicos.
Tenemos que decir que, felizmente, durante todo ese tiempo los avances tecnológicos sirvieron para mejorar las condiciones del servicio, pero, sin embargo frente a una caída del sistema se interrumpía la mediación, salvo que se volviera a los medios tradicionales de la mediación presencial.
Quizás el avance tecnológico más importante de estos tiempos sea la aparición de la Inteligencia Artificial. Para muchas profesiones puede significar un peligro de desaparición. Sin embargo entiendo que en los métodos RAD la presencia virtual o real de la persona humana, tiene un plus especial, dado que, en las situaciones conflictivas están involucradas no sólo los temas propios del problema en sí mismo, sino también muchas emociones que requieren de un acompañamiento especial por parte del mediador/a, para que se produzca la llamada secuencia comunicacional, que permitirá, que los mediados se sientan escuchados, comprendidos, puedan reflexionar y salir de sus posiciones, para visualizar opciones de solución que satisfagan los intereses de ambos. El mediador está atento en la comunicación no sólo a lo verbal, que representa un 7% de aquella, sino también al tono de voz,( 38%) y especialmente a lo gestual, tanto del rostro como del cuerpo,(55%), interpretando lo que las personas mediadas sienten, en cada momento, frente a todo lo que ocurre en la sala. Se dice que ya hay programas de inteligencia artificial que pueden captar e interpretar esos signos que manifiestan las emociones y probablemente aconsejar las acciones o palabras a decir. Serán un aporte de gran valor y deberemos estar abiertos a la posibilidad de estudiarlos para luego poder implementarlos. Probablemente marquen un antes y un después en los avances tecnológicos. Sin embargo, creo que el clima especial de las mediaciones será difícil de recrear sólo por un robot en lugar del mediador. Su presencia será difícil de reemplazar. Una sonrisa, una mirada, un gesto, una mano sobre un brazo o un hombro, es probable que, realizados por la máquina no produzcan los mismos efectos, que con el mediador humano. Allí hay una sinergia especial. En esas situaciones, las emociones fluyen, se liberan, se entrelazan y podrían escalar, pero, con las medidas adecuadas se encauzarán en el proceso, siempre en presencia y con la dirección del mediador humano, operador de la Paz, que elegirá las apropiadas y buscará realizar el valor Justicia. Probablemente en el futuro sea con ayuda de la IA, que aportará nuevos dispositivos para mejorar esa tarea. La legislación podrá regular su implementación.
Conforme a la definición de Ulpiano: “Justicia es dar a cada uno lo suyo” pero “¿qué es suyo de cada cual?”Podemos afirmar que los participantes lo saben y es, en los acuerdos alcanzados en las mediaciones, donde ellas así lo determinan.-
El texto subraya una visión interesante sobre cómo la tecnología ha transformado la mediación, al ofrecer herramientas que mejoran la accesibilidad y eficacia del proceso. La autora resalta adecuadamente que, aunque la tecnología ofrece valiosas ventajas, como la mediación a distancia y la mejora de la documentación, no puede reemplazar el papel fundamental del mediador humano. El toque personal en la mediación, que implica empatía, comprensión emocional y comunicación no verbal, sigue siendo crucial para resolver los conflictos de manera efectiva. Es importante mantenerse abiertos a la integración de tecnologías emergentes, como la inteligencia artificial, sin perder de vista la necesidad de un enfoque humano en la resolución de disputas.
MUCHAS GRACIAS BARBARA! Simplemente cuento lo que ha sido mi vida con la mediación y la importancia de estar abiertos a los avances tecnológicos , haciendo un uso adecuado de ellos. Un saludo cordial
Muy buena ponencia. Gracias
Gracias a vos ANDREA.
Interesante descripción de la realidades por las que ha atravesado la mediación, desde lo presencial, a lo virtual, ahora la introduccion de la IA, y seguramente vendrán muchos cambios más, para lo cual debemos como mediadores adaptarnos y aprender, para brindar mejor servicio a los mediados.
Coincido en que el uso de la tecnología y las distintas herramientas digitales facilitan el acceso a la justicia en zonas de difícil acceso o con personas con alguna discapacidad, pero también hay que destacar el rol fundamental del mediador en el trabajo de las emociones , la comprensión , la facilitación de un espacio seguro en la resolución de disputas a distancia.
Muchas gracias María Cristina
Muy interesante ponencia, me deja claro que no podemos temerle a los avances tecnológicos pero debemos aprender a usarlos, y coincido en que siempre hará falta la figura del mediador. En una ocasión, llevé a cabo una mediación con 3 de mis hijos que estudian en México, y yo estando en San Luis Potosí, la hice a través de zoom, si logré hacer ver que se vieran y se hablarán directo a los ojos. Algo complicado, pero creo si ayudó.
Excelente exposición del tema.
Me gustó mucho la última cita de que los mediados sí saben que es lo suyo que les corresponde y sólo lo pueden obtener a través de la mediación.
Muchas gracias por valorar a través de varias metáforas el trabajo del mediador.
Siempre es bueno saber que es una herramienta que ha llegado para colaborarnos y que a pesar de los avances tecnológicos, incluyendo la inteligencia artificial, el toque humano sigue siendo esencial para interpretar emociones y manejar conflictos de manera efectiva. Saludos.